INÍCIO

01 dezembro 2023

O GOLPE DE 2016




Primera Parte: El domingo infame


Originalmente publicado em Abril de 2016 no blog 



Frederico Füllgraf

Periodista y documentalista brasileño. Corresponsal de Prensa Extranjera en Chile.


Si le hubiesen contado a Jorge Luis Borges – hundido en su silla en el centro de la Gran Biblioteca, con la mirada perdida de los ciegos – quien es Eduardo Cunha, con un raro ataque de furia le hubieran dado ganas de arrancar con los dientes y deglutir las últimas páginas de su “Historia Universal de la Infamia”, sollozando arrepentido: ¿Cómo es posible que existiera un personaje todavía más repulsivo que Lazarus Morell, falso predicador, ladrón de caballos y asesino?


Si le hubiesen contado a Jorge Luis Borges – hundido en su silla en el centro de la Gran Biblioteca, con la mirada perdida de los ciegos – quien es Eduardo Cunha, con un raro ataque de furia le hubieran dado ganas de arrancar con los dientes y deglutir las últimas páginas de su “Historia Universal de la Infamia”, sollozando arrepentido: ¿Cómo es posible que existiera un personaje todavía más repulsivo que Lazarus Morell, falso predicador, ladrón de caballos y asesino? Y leyendo en el Clarín (si, hasta el mismo Clarín argentino tendría que admitir el golpe detrás de la frontera), que de los 65 parlamentarios brasileños que juzgaron el libelo acusatorio y recomendaron la deposición de la presidenta Dilma Rousseff, 38 están formalizados judicialmente por crímenes que van de la corrupción hasta el homicidio, Borges se acordaría de Polónio, recitando con picardía su frase emblemática: “Aunque esto sea locura, hay sin embargo ciertométodo en ello”.


La mayor nación de Latinoamérica en manos de un gánster

Pero no nos equivoquemos con comparaciones inmerecidas. El presidente de la Cámara de Diputados, en Brasilia, no tiene una nesga de la grandeza de los antihéroes como Hamlet, tomado de súbita turbación del alma. Lo que Cunha tiene en común con Lazarus Morell, es que también es falso predicador de una de esas sectas pentecostales, que en Latinoamérica proliferan más que farmacias y tiendas chinas, pero Morell no es partido para Cunha, que supera al mercader de esclavos borgeano con toda suerte de fraudes maquinaciones, perfidias y sobretodo cinismo.

Cunha es la encarnación del mal en estado bruto.
Ex-director de empresas estatales de Rio de Janeiro, administradas y saqueadas por su partido, el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), desde los años 1990 Cunha responde en 22 procesos por fraudes, falsificación de documentos y elusión fiscal. Como la Justicia brasileña es lenta y las leyes son repletas de brechas, el parlamentario jamás fue condenado, y saltó del anonimato carioca para una carrera en la escena federal como diputado electo en octubre de 2014, con los votos pentecostales y de la “banda podrida”, esto es de la colusión de la política con los negocios sucios en Rio de Janeiro.

En diciembre de 2015, el Fiscal General de la República (PGR), Rodrigo Janot, solicitó a la Corte Suprema (STF) la deposición del presidente de Cunha y su formalización por crimen de corrupción y lavado de dinero. Pruebas irrefutables comprobaron que había favorecido en secreto un contrato a una empresa prestadora de servicios de la petrolera Petrobras a cambio de 5 millones de dólares, que la Fiscalía de Suiza encontró depositados en cuentas secretas del país europeo. Cínico, el parlamentario negó las cuentas secretas, algunas de las que están en nombre de familiares.

Dos meses después, la coalición gubernamental llamó al Consejo de Ética de la Cámara, y acusó Cunha de haberle mentido deliberadamente al parlamento. Durante la votación sobre su futuro político, el gobernista Partido de los Trabajadores (PT) votó por su inmediata deposición y pérdida de su mandato – votos que el presidente de la Cámara interpretó como “traición” de la presidenta Rousseff. Y prometió “venganza”.

La venganza de Cunha – atestada por gran número de juristas, analistas y hasta mismo medios conservadores – consistió en resucitar una de las innumerables mociones en pro del impedimento de Dilma Rouseff que ya había archivado por impertinentes, mientras se sentía protegido por el gobierno.


Orgía mediática en un domingo infame

Y este domingo, 17 de abril, el presidente de la Cámara lo diseñó como el día de su apoteosis: la votación del impeachment para derrocar a la presidenta Rousseff, democráticamente electa en octubre de 2014 con 54 millones de votos.
Como no tenía asegurada la mayoría de 2/3 de la Cámara (342 votos de los 513 diputados), el despudorado Cunha confabuló con TV Globo para que cubra en vivo la votación. La emisora, que durante meses reportó sus crímenes, pero hoy actúa como su “partner”, lo encontró bárbaro, interrumpiendo sus entretenciones dominicales a cambio de la farsa potenciada en orgía mediática.

La cobertura de TV Globo en escala nacional tenía dos objetivos: amedrentar a los parlamentarios indecisos y estimular a los televidentes a que salgan a las calles en marchas contra el gobierno. El diputado fascista, Jair Bolsonaro, exhortó a sus seguidores para “cercar el Congreso” y amenazó con “hacerles difícil” la vida a quienes votaran contra el impeachment. ¡Ex capitán del ejército, admirador de Augusto Pinochet y predicador de la violencia contra menores, negros y homosexuales, Bolsonaro es autor de la infamante y célebre frase contra la diputada Maria do Rosário, “No te violo porque no te lo mereces!”.

Sin embargo, a mediano y largo plazo, la espectacularización televisiva pudo haber sido un tiro por la culata al servicio del elector desilusionado y de la Democracia, al exponer de modo arrollado y en escala nacional a la gang de Cunha, corrupta y antidemocrática, pues de los 513 parlamentarios de la Cámara, 303 son investigados o están formalizados en múltiples causas por la Justicia.
A altas horas de la noche del domingo infame, Dilma Rousseff fue derrotada por la farsa de Cunha por 342 contra 125 votos.

Después de la persecución sufrida durante dos años por una concertación judicial-mediática y de haber asistido al más completo letargo e inacción de la Suprema Corte, guardiana de la Constitución Democrática de 1988, quizás la más amarga decepción de Dilma Rousseff y de su partido haya sido la traición masiva de sus socios en su ya reducida coalición de gobierno, cuyos miembros o se acobardaron, ausentándose, o cambiando su voto a última hora, presionados por empresarios y políticos de la oposición.

Para el PT, la lección del impeachment, es entender de una vez por todas, con cuantos palos se hace un bote.

Traduciendo la metáfora: mientras en la Era Lula, Brasil crecía 7% a año, el condominio de empresarios y su banda parlamentaria conservadora se consideró socia del PT, pero cuando la marea de la crisis internacional también acosó a las orillas brasileñas, sencillamente resolvieron no más pagar sus impuestos. Cuando el gobierno Rousseff no quiso recortar sus programas sociales, gastando más de lo tenía en caja, lo acusaron de “incompetente”, abandonaron el bote y cobraron la cabeza de la capitana. Si en 1964 llamaron a los militares para derrocar al gobierno reformista de João Goulart, en 2016 no sienten escrúpulos para rasgar la Constitución y dar un “golpe de Estado blando”.

Hechas las cuentas, Dilma Rousseff perdió el primero asalto, pero la batalla continua en el Senado, cuyos 81 parlamentarios votarán dos veces – primero, con mayoría simple, en una segunda vuelta con mayoría de 2/3 – si rechazan o confirman la decisión de la Cámara. La segunda vuelta será coordinada por el presidente de la Corte Suprema, que teóricamente podría declarar nulo el rito del impeachment, por dos motivos: porque no hay crimen de responsabilidad de la mandataria que justifique su alejamiento y, segundo, porque el trámite estuvo completamente contaminado por un presidente de la Cámara de Diputados que es un criminal. No obstante, no hay mucha esperanza para la sobrevida del Gobierno Dilma Rousseff. El Senado se sumará al “veredicto” de la Cámara, y la Corte Suprema, en su mayoría conservadora, hace mucho prefiere someterse al “clamor (golpista) de las calles” y a los reproches de TV Globo, que mantenerse fiel a la Constitución.

La próxima semana: Un juez incendiario y el doble estándar de la narrativa de la corrupción.

Un juez incendiario y el doble estándar de la narrativa de la corrupción.


Publicado originalmente en: el DESCONCIERTO.Chile








Notas sobre o fascismo 


1) Hoje passados 8 anos sabemos bem quem foram os traidores da pátria. Justamente aqueles que juram defendê-la. 

2) O governo do serviçal do neoliberalismo, o MDB, aliado aos neofascistas de plantão (elite rentistas burguesa) juntamente com seus lacaios, a classe média e seus falsos cristãos que despejam ódio, foram os protagonistas da transição, para o governo do partido militar. 

3) 

CRONOÍCONIFILIA

CRONOÍCONIFILIA
CRONOS
IKONE
PHILIA









 

FOTOGRAFIA P&B


















 

29 novembro 2023

VIDA EM POA E A MORTE DE UM GENOCIDA

I. VIVENDO EM POA 

II. MORTE DE UM GENOCIDA 




MACEDÔNIA QUE NOS DEU 
PHILPE II PAI DE ALEXANDRE O GRAMDE 


Moeda macedônica da reinado de Philippe II 



I. VIVENDO EM POA










SK8RS








OCASO









ATLETAS 

















COTIDIANO EM POA 





ATLETAS 
SK8RS






































Skooters






AMIZADES EM POA 




GRAFFITI

Graffiti acordinho to Wikipédia, is art type that is written, painted, drawn or even engraving on a wall or other surface, usually without permission and within public view. 



graffito ou sgraffito do italiano, arranhado, rabiscado. Termo hoje aplicado, na maioria dos casos e geralmente no plural: graffiti, a um desenho ou inscrição (podendo ser obscenos ou engajados politicamente, ou simplesmente nomes, Tags) gravados, arranhados, pintados ou desenhados em uma parede ou muro.  

Num sentido mais amplo, aplica-se a qualquer técnica gráfica em que o resultado final seja obtido mediante a raspagem de uma camada de tinta ou outro material, de modo a revelar uma base* de cor diferente. Na pintura dos painéis medievais, por exemplo, as partes ornamentais eram cobertas com folhas de ouro, polidas e pintadas; e um ornamento era feito raspando-se a tinta nos lugares desejados. 

Em certos movimentos estéticos do século XX, a predileção por uma aparência de decoração acidental e não-planejada, combinada a um interesse maior pelas texturas superficiais em si mesmas, fez por vezes com que se voltasse a atenção aos efeitos de marcas e rabiscos aleatórios sobre paredes e outras superfícies. Estas foram fotografadas e reproduzidas. 

Alguns pintores não-figurativos tentaram desenvolver tipos especiais de efeitos de textura que formassem o motivo predominante de suas obras. (Modif. Dicionário Oxford de Arte. São Paulo, SP. Livraria Martins Fontes, 2001).

Graffiti ranges from simple written words to elaborate wall paintings, and has existed since ancient times, with examples dating back to ancient Egypt, ancient Greece, and the Roman Empire (see also mural) like in Pompey and Herculaneum.






A TARDINHA 





















HÁ VIDA EM POA 











































Comunidade internacional 


FOTOS VIDRAÇAS 






MEMES

Idiotas não. 
Fascistas da classe média que odeiam a democracia e esperam um governo ditatorial. 


VIDA EM POA 

















PRESIDENTE 






GRAFFITI 










II. MORTE DE UM GENOCIDA 

ENFIM O FIM 
DE
UM IMIGRANTE JUDEU 
COM VOCAÇÃO GENOCIDA





ELE FINALMENTE MORREU

Artigo de 
JONAH WALTERS, BHASKAR SUNKARA E RENÉ ROJAS
TRADUÇÃO
SOFIA SCHURIG E GERCYANE OLIVEIRA



O tempo de Henry Kissinger na Terra foi gasto organizando a matança de milhões de pessoas em nome dos ricos e poderosos, cujo respeito por ele transcendia as lealdades partidárias. Que ele apodreça no inferno.


Henry Kissinger está morto. A mídia já está produzindo denúncias fervorosas e calorosas lembranças em igual medida. Talvez nenhum outro personagem na história americana do século XX seja tão polarizante, tão veementemente repudiado por alguns quanto é reverenciado por outros.

Ainda assim, há um ponto sobre o qual todos podemos concordar: Kissinger não deixou um cadáver exquisito. Os obituários podem descrevê-lo como afável, professoral, até carismático. Mas certamente ninguém, nem mesmo os bajuladores de carreira como Niall Ferguson, historiador e comentarista político conservador britânico, ousará elogiar o titã caído como sexy.

Como os tempos mudaram.

Na época em que Kissinger era conselheiro de segurança nacional, a Women’s Wear Daily publicou um perfil jocoso do jovem “Funcionário estatal” (estadista?), descrevendo-o como “o símbolo sexual da administração Nixon”. 

Em 1969, segundo o perfil, Kissinger compareceu a uma festa cheia de socialites de Washington com um envelope marcado como “Top Secret” sob o braço. Os outros convidados mal podiam conter sua curiosidade, então Kissinger desviou suas perguntas com uma piada: o envelope continha sua cópia da última revista Playboy. (Hugh Hefner aparentemente achou isso muito engraçado e, a partir daí, garantiu que o conselheiro de segurança nacional recebesse uma assinatura gratuita.)

O que o envelope realmente continha era uma cópia do discurso “maioria silenciosa” de Nixon, um discurso agora infame que visava traçar uma linha nítida entre a decadência moral dos liberais anti-guerra e o realpolitik inabalável de Nixon.

Durante a década de 1970, enquanto planejava bombardeios ilegais no Laos e no Camboja e possibilitava o genocídio em Timor-Leste e no Paquistão Oriental, Kissinger era conhecido entre os socialites de Washington como “o playboy da ala ocidental”. 

Ele gostava de ser fotografado, e os fotógrafos atendiam. Ele era presença constante nas páginas de fofocas, especialmente quando seus flertes com mulheres famosas se tornavam públicos — como quando ele e a atriz Jill St. John inadvertidamente dispararam o alarme em sua mansão em Hollywood tarde da noite enquanto se dirigiam à piscina dela. (“Eu estava ensinando xadrez a ela”, explicou Kissinger mais tarde. (O que isso tem a ver com a morte desse verme? Nada.)

Enquanto Kissinger se divertia com a alta sociedade de Washington, ele e o presidente — uma dupla tão firmemente unida que Isaiah Berlin os apelidou de “Nixonger” — estavam ocupados criando uma marca política baseada em seu suposto desprezo pela elite liberal, cuja moral efeminada, afirmavam eles, só poderia levar à paralisia. 

Kissinger certamente desprezava o movimento anti-guerra, menosprezando os manifestantes como “filhos da classe média alta” e advertindo: “As mesmas pessoas que gritam ‘Poder para o Povo’ não vão ser as pessoas que assumirão este país se isso se transformar em um teste de força.” 

Ele também desprezava as mulheres: “Para mim, as mulheres não são mais do que um passatempo, um hobby. Ninguém dedica muito tempo a um hobby.” Mas é inegável que Kissinger tinha uma predileção pelo liberalismo dourado da alta sociedade, as festas exclusivas e jantares de bife e flashes de câmera.

E, para não esquecermos, a alta sociedade dos Estados Unidos, mas também do mundo inteiro, o amava de volta. Gloria Steinem, uma companheira de jantar ocasional, chamava Kissinger de “o único homem interessante na administração Nixon”. 

A colunista de fofocas Joyce Haber o descrevia como “mundano, humorado, sofisticado e um cavalheiro com as mulheres”. Hugh Hefner o considerava um amigo e afirmou uma vez em público que uma pesquisa com suas modelos revelou que Kissinger era o homem mais desejado para encontros na mansão da Playboy.

Essa paixão não terminou nos anos 1970. Quando Kissinger completou noventa anos em 2013, sua festa de aniversário no tapete vermelho foi frequentada por uma multidão bipartidária que incluía Michael Bloomberg, Roger Ailes, Barbara Walters, até o “veterano pela paz” John Kerry, junto com cerca de 300 outras personalidades de destaque. Um artigo na Women’s Wear Daily — eles continuaram cobrindo Kissinger no novo milênio — relatou que Bill Clinton e John McCain fizeram os brindes de aniversário em uma sala de baile decorada com chinoiserie, para agradar ao convidado de honra da noite. (McCain, que passou mais de cinco anos como prisioneiro de guerra, descreveu seu “maravilhoso afeto” por Kissinger, “por causa da Guerra do Vietnã, que foi algo enormemente impactante para ambos os nossos vidas.”) 

O próprio aniversariante subiu ao palco, onde “lembrou aos convidados sobre o ritmo da história” e aproveitou a ocasião para pregar o evangelho de sua causa favorita: o bipartidarismo.

A capacidade de Kissinger para o bipartidarismo era renomada. (Os republicanos Condoleezza Rice e Donald Rumsfeld estavam presentes no início da noite, e mais tarde, durante a noite, a democrata Hillary Clinton entrou por uma entrada de carga de braços abertos, perguntando: “Prontos para a segunda rodada?”) Durante a festa, McCain elogiou Kissinger, dizendo: “Ele foi consultor e conselheiro de todos os presidentes, republicanos e democratas, desde Nixon.” 
O senador McCain provavelmente falou por todos na sala quando continuou: “Eu não conheço ninguém que seja mais respeitado no mundo do que Henry Kissinger.”

Na verdade, grande parte do mundo detestava Henry Kissinger. O ex-secretário de Estado evitava visitar vários países por medo de ser detido e acusado de crimes de guerra. 

Em 2002, por exemplo, um tribunal chileno exigiu que ele respondesse perguntas sobre seu papel no golpe de estado chileno de 1973. Em 2001, um juiz francês enviou policiais ao quarto de hotel de Kissinger em Paris para lhe entregar um pedido formal de interrogatório sobre o mesmo golpe, durante o qual vários cidadãos franceses desapareceram. (Aparentemente, sem se abalar, o ex-estadista transformado em consultor privado encaminhou o assunto ao Departamento de Estado e embarcou em um avião para a Itália.) Ao mesmo tempo, ele cancelou uma viagem ao Brasil depois que rumores começaram a circular de que ele seria detido e obrigado a responder perguntas sobre seu papel na Operação Condor, o esquema dos anos 1970 que uniu ditaduras sul-americanas no desaparecimento dos opositores exilados uns dos outros. Um juiz argentino que investigava a operação já havia nomeado Kissinger como um possível “réu ou suspeito” em uma futura acusação criminal.

Mas nos Estados Unidos, Kissinger era intocável. Lá, um dos mais prolíficos carniceiros do século XX morreu como viveu — amado pelos ricos e poderosos, independentemente de sua filiação partidária. A razão da apelação bipartidária de Kissinger é direta: ele foi um dos principais estrategistas do império do capital dos Estados Unidos em um momento crítico no desenvolvimento desse império.

Não é de surpreender que o establishment político considerasse Kissinger um ativo e não uma aberração. 

Ele personificava o que os dois partidos dominantes compartilham: um compromisso de manter o capitalismo e a determinação de garantir condições favoráveis para os investidores americanos em grande parte do mundo. 

Desprovido de vergonha e inibição, Kissinger conseguiu guiar o império americano por um período perigoso na história mundial, quando o domínio global dos Estados Unidos às vezes parecia à beira do colapso.

Em um período anterior, a política de preservação capitalista era uma questão relativamente simples. Rivalidades entre as potências capitalistas avançadas levavam periodicamente a guerras espetaculares, que estabeleciam hierarquias entre as nações capitalistas, mas faziam relativamente pouco para interromper a marcha do capital pelo mundo. (Como bônus adicional, porque essas conflagrações eram tão destrutivas, ofereciam oportunidades regulares para novos investimentos, uma maneira de adiar as crises de superprodução endêmicas ao desenvolvimento capitalista.)

É verdade que, à medida que as metrópoles capitalistas afirmavam controle sobre os territórios que conquistavam em todo o mundo, o imperialismo enfrentava oposição em massa dos oprimidos. Movimentos anticoloniais surgiram para desafiar os termos do desenvolvimento global em todos os lugares onde o colonialismo foi estabelecido, mas, com algumas exceções notáveis, esses movimentos não conseguiram repelir as potências imperiais agressivas. 

Mesmo quando as lutas anticoloniais foram bem-sucedidas, soltar as amarras de uma potência imperial muitas vezes significava expor-se à invasão de outra, nas Américas, por exemplo, a retirada dos espanhóis de suas colônias ultramarinas significou que os Estados Unidos assumiram o papel de nova hegemonia regional no início do século XX, afirmando sua dominação sobre lugares que, como Porto Rico, os líderes americanos consideravam “estrangeiros em sentido doméstico“. Ao longo desse tempo, o colonialismo, assim como o capitalismo, muitas vezes parecia praticamente inquebrável.

Mas após a Segunda Guerra Mundial, o eixo da política global mudou.

Quando a fumaça finalmente se dissipou sobre a Europa, revelou um mundo que era quase irreconhecível para as elites. Londres estava em ruínas. A Alemanha estava dividida, partilhada por dois de seus rivais. O Japão foi efetivamente anexado pelos Estados Unidos, para ser remodelado à imagem dessa nação. A União Soviética havia gerado uma economia industrial com uma velocidade incomparável e agora detinha verdadeira influência geopolítica. Os Estados Unidos, por sua vez, em apenas algumas gerações, haviam substituído a Grã-Bretanha como uma potência militar e econômica sem rival no palco mundial.

Mas, mais importante, a Segunda Guerra Mundial forneceu um sinal definitivo às pessoas em todo o mundo colonizado de que o colonialismo era insustentável. 
A supremacia europeia estava nos estertores da morte. Um período histórico caracterizado por guerras entre potências do Primeiro Mundo (ou Norte Global) deu lugar a um período de conflitos anti-coloniais sustentados no Terceiro Mundo (ou Sul Global).

Os Estados Unidos, emergindo da Segunda Guerra Mundial como o novo hegemon mundial, teriam estado em desvantagem em qualquer realinhamento global que restringisse o livre movimento do capital de investimento americano. Nesse contexto, o país assumiu um novo papel geopolítico. No pós-Segunda Guerra Mundial, na era de Kissinger, os Estados Unidos se tornaram o garante do sistema capitalista global.

No entanto, garantir a saúde do sistema como um todo nem sempre era o mesmo que garantir a predominância das empresas americanas. Na verdade, o Estado americano precisava administrar uma ordem mundial propícia ao desenvolvimento e florescimento de uma classe capitalista internacional. 
Os Estados Unidos se tornaram o principal arquiteto do capitalismo atlântico pós-guerra, um regime comercial que ligava os interesses econômicos do Oeste Europeu e do Japão às estratégias corporativas americanas. Em outras palavras, para preservar uma ordem capitalista global que defendesse principalmente os negócios americanos, não as empresas, os Estados Unidos precisavam fomentar o desenvolvimento capitalista bem-sucedido de seus rivais. Isso significava gerar novos centros capitalistas, como o Japão, e facilitar o restabelecimento de economias europeias saudáveis.

Como sabemos, as metrópoles europeias estavam rapidamente se distanciando de suas colônias. Movimentos de libertação nacional ameaçavam os interesses centrais que os Estados Unidos se comprometeram a proteger, perturbando o mercado mundial unificado que o país desejava coordenar. 
A promoção dos interesses americanos, portanto, adquiriu uma dimensão geopolítica mais ampla. A elite do poder em Washington comprometeu-se a derrotar desafios à hegemonia capitalista onde quer que surgissem no mundo. Para esse fim, o estado de segurança nacional americano empregou uma variedade de meios: 
apoio militar a regimes reacionários; sanções econômicas; 
interferência em eleições; 
coerção; 
manipulação do comércio; 
negociações táticas de armas; e, 
em alguns casos, intervenção militar direta.

Ao longo de sua carreira, o que mais preocupava Kissinger era a possibilidade iminente de que países subordinados pudessem agir por conta própria para criar uma esfera de influência e comércio alternativa. 

Os Estados Unidos não hesitaram em pôr fim a tais iniciativas independentes quando surgiram. Se um país resistisse ao caminho estabelecido para ele pelas condições do desenvolvimento capitalista global, os americanos subjugariam o desafiante. A desobediência simplesmente não podia ser tolerada, não quando havia tanta riqueza e poder político em jogo. Durante sua vida, Kissinger representou essa política. Ele entendia seus objetivos e requisitos estratégicos melhor do que qualquer pessoa na classe dominante dos Estados Unidos.

Portanto, as políticas específicas que Kissinger perseguiu eram menos sobre promover os lucros das corporações americanas e mais sobre garantir condições saudáveis para o capital como um todo. 

Este é um ponto importante, frequentemente negligenciado em estudos simplistas do império dos EUA. Com muita frequência, os radicais assumem uma ligação direta entre os interesses de corporações americanas específicas no exterior e as ações do estado americano. E em alguns casos, essa suposição pode ser apoiada pela história, como a remoção do reformador social guatemalteco Jacobo Árbenz pelo exército dos EUA em 1954, em parte devido ao lobby da United Fruit Company.

Mas em outros casos, especialmente aqueles que encontramos nas complexidades da carreira de Kissinger, essa suposição obscurece mais do que revela. 
Após o golpe contra Salvador Allende no Chile, por exemplo, a administração Nixon não pressionou seus aliados na junta de direita para devolver as minas nacionalizadas anteriormente às empresas americanas Kennecott e Anaconda. 
Devolver propriedades confiscadas a empresas americanas era uma questão secundária. O objetivo principal de Nixon foi alcançado no momento em que Allende foi removido do poder: o caminho democrático do Chile para o socialismo já não ameaçava gerar uma alternativa sistêmica ao capitalismo na região.

Contrariamente à sabedoria convencional, conter o expansionismo soviético dificilmente foi um fator importante na formulação da política externa americana durante a Guerra Fria. Os planos americanos de apoiar o capitalismo internacional por meio da força foram decididos tão cedo quanto 1943, quando ainda não estava claro se os soviéticos sobreviveriam à guerra. E mesmo no início da Guerra Fria, a União Soviética não tinha a vontade nem a capacidade de se expandir além de seus satélites regionais. As ações de Stalin para estabilizar o “socialismo em um país” surgiram como uma estratégia defensiva, e a Rússia comprometeu-se com a détente como a melhor aposta para sua existência contínua, exigindo apenas um anel de estados-tampão para protegê-la das invasões ocidentais. 
Por esse motivo, uma geração de militantes de esquerda na América Latina, Ásia e Europa (basta perguntar aos gregos) interpreta a chamada “Guerra Fria” como uma série de traições de Moscou aos movimentos de libertação em todo o mundo. O expansionismo soviético só foi realmente utilizado na política externa americana como uma ferramenta retórica.

Compreensivelmente, o formato da economia mundial não mudou muito dramaticamente após a queda da União Soviética. A neoliberalização dos anos 1990 representou uma intensificação do programa global que os Estados Unidos e seus aliados vinham perseguindo o tempo todo. E hoje, o estado americano continua em seu papel de garantidor global do capitalismo de livre mercado, mesmo quando os governos do Terceiro Mundo, temendo repercussões geopolíticas, realizam contorções políticas para evitar confrontar diretamente o capital americano. Por exemplo, a partir de 2002, Washington começou a apoiar esforços para derrubar o presidente esquerdista da Venezuela, Hugo Chávez, mesmo enquanto as gigantes americanas do petróleo continuavam perfurando em Maracaibo e o petróleo venezuelano continuava fluindo para Houston e Nova Jersey.

A doutrina Kissinger persiste hoje: se os países soberanos se recusarem a se encaixar nos esquemas mais amplos dos EUA, o estado de segurança nacional americano agirá rapidamente para minar sua soberania. Isso é rotina para o império americano, não importa qual avatar do partido esteja na Casa Branca – e Kissinger, enquanto vivo, foi um dos principais guardiões desse status quo.

Henry Kissinger finalmente faleceu. Dizer que ele era uma pessoa ruim beira o clichê, mas é, no entanto, um fato. E agora, finalmente, ele se foi.

Ainda assim, nosso alívio coletivo não deve nos desviar de uma avaliação mais profunda. No final das contas, Kissinger deve ser rejeitado por mais do que apenas sua aceitação única de atrocidades em nome do poder americano. 

Como progressistas e socialistas, devemos ir além de ver Kissinger como um príncipe sórdido das sombras imperialistas, uma figura que só pode ser confrontada judicialmente, sob o olhar frio de um tribunal imaginário. Sua frieza repugnante e sua indiferença casual para com seus resultados frequentemente genocidas não devem nos impedir de vê-lo como ele era, uma personificação das políticas oficiais dos EUA.

Ao mostrar que o comportamento de Kissinger era parte integrante do expansionismo americano de forma mais geral, esperamos reunir uma crítica política e moral da política externa americana, uma política externa que sistematicamente subverte as ambições populares e mina a soberania em defesa das elites, tanto estrangeiras quanto domésticas.

A morte de Kissinger livrou o mundo de um gerente homicida do poder americano, e pretendemos dançar sobre sua sepultura. Preparamos um livro para esta ocasião, um catálogo das conquistas sombrias de Kissinger ao longo de uma longa carreira de carnificina pública. Nele, alguns dos melhores historiadores radicais do mundo dividem em episódios digestíveis a história mais longa da ascensão americana na segunda metade do século XX.

Em um ponto de nosso livro, o historiador Gerald Horne conta uma história sobre o momento em que Kissinger quase se afogou enquanto canoava sob a maior cachoeira do mundo. É uma história divertida, tornada ainda mais revigorante pelo nosso conhecimento de que o tempo finalmente realizou o que as Cataratas Vitória não conseguiram fazer tantas décadas atrás. Mas, para que não celebremos cedo demais, devemos lembrar que o estado de segurança nacional americano que o produziu continua vivo e saudável.






Fonte



Criminoso de Guerra. 
Aos 100 anos morre criminoso de guerra Henry Kissinger


Henry Kissinger foi um político e diplomata americano, servindo como Secretário de Estado dos Estados Unidos de 1973 a 1977, durante os governos de Richard Nixon e Gerald Ford. Kissinger é conhecido por seu papel na política externa dos EUA, especialmente nas negociações de paz durante a Guerra do Vietnã, recebendo o Prêmio Nobel de Paz em 1973, mesmo sendo responsável pelo assassinato de milhares de pessoas.







Kissinger que considerava o poder “o maior afrodisíaco” é visto por algumas mídias burguesas como grande estrategista do século XX, onde se destaca seu desempenho em um papel na política externa dos Estados Unidos durante a Guerra Fria, sendo o principal arquiteto da diplomacia diminuindo a tensão com a União Soviética e a República Popular da China. 

Outro ponto destacado a Kissinger foi a ajuda na negociação dos Acordos de Paz de Paris de 1973, que encerraram a Guerra do Vietnã e por promover uma política de equilíbrio de poder entre as superpotências e a busca em reduzir as tensões entre os blocos ocidental e oriental.

Mas o que se evita dizer sobre a atuação de Henry Kissinger são os crimes cometidos, como por exemplo a política assassina externa dos Estados Unidos durante a Guerra do Vietnã e o apoio a regimes autoritários em países como Chile e Argentina, sem contar as acusações de violações dos direitos humanos em suas políticas e decisões. Henry Kissinger é mais um exemplo dos representantes burgueses que morrem impunes e celebrado por políticos e jornalistas.

Kissinger, idolatrado pelos seus Acordos de Paz, foi o mesmo que sabotou junto a Nixon em 1968 esses mesmos Acordos despejando 4,7 bilhões de litros de pesticida, conhecido como Agente Laranja, usado em bombas desfolhantes lançadas sobre florestas dominadas pela guerrilha Vietcong durante o conflito armado com os EUA e o mesmo que em 1957 publicou o livro “Armas Nucleares e Políticas Externas” onde expõe sua face assassina disfarçada de boa intenção propondo o conceito de “guerra nuclear limitada”, que poderia ser vencida através de uso “tático” de armas nucleares, substituindo o conceito de “guerra nuclear total”, que por essência ainda assim é uma tática de extermínio levando efeitos devastadores para as populações envolvidas.

Henry Kissinger teve uma atuação marcada com sangue na história, caracterizada por uma política externa baseada em interesses próprios e pragmatismo, muitas vezes em detrimento dos direitos humanos e da soberania de outros países. Suas ações com o apoio à regimes autoritários e a condução de guerras sanguinárias, incluem o apoio a regimes autoritários, como no Chile de Augusto Pinochet, que resultou em violações dos direitos humanos e repressão política. 

Além disso, sua política de realpolitik (conceituada por Kissinger como “política exterior baseada em avaliações de poder e interesse nacional”) levou à intervenção militar no Vietnã, causando um grande número de mortes e prolongando o conflito. 

Sua abordagem pragmática foi presente na condução da política externa dos Estados Unido. Tais abordagens incluíam a busca por interesses nacionais imediatos e a manutenção do equilíbrio de poder, muitas vezes em detrimento dos direitos humanos e da soberania de outros países, especialmente quando se tratava de apoiar regimes autoritários ou utilizar métodos questionáveis para alcançar os objetivos políticos dos Estados Unidos.

Em meio a seus acordos e exaltações por parte dos políticos, vale ressaltar que durante a ditadura no Chile liderada por Augusto Pinochet de 1973 a 1990, estima-se que cerca de 3.200 pessoas foram mortas ou desapareceram. Henry Kissinger, apoiador do golpe militar e posteriormente a ditadura de Pinochet, forneceu apoio político e econômico ao regime devido a seus interesses geopolíticos e econômicos, devido a preocupação dos EUA em relação a influência comunista na região e nesse sentido buscava proteger seus interesses econômicos, especialmente nas indústrias do cobre e do salitre no Chile, vendo Pinochet como um aliado na implementação de políticas econômicas neoliberais favoráveis aos interesses imperialistas dos EUA, deixando claro e em negrito que não era paz que Kissinger desejava, nem tão pouco o distensionamento entre países e, sim, os interesses imperialistas a serem conquistados por meio da violência em sua representação.

Trazendo para atualidade, onde vemos o massacre de Israel ao povo Palestino, onde jovens, mulheres e jornalistas são mortos, Kissinger, em outubro deste ano, lança criticas políticas em relação a protestos pró-Palestina na Alemanha, criticando a decisão de Berlim de admitir um número de imigrante de outra cultura e religião, declarando ao jornal Die Welt ao comentar as ações pró-Palestina que ocorrem na Alemanha:

“Foi um erro muito grave permitir a entrada de tantas pessoas com antecedentes culturais e religiosos completamente diferentes”

Na opinião de Kissinger, Berlim deveria ficar ao lado de Israel, o que poderia incluir apoio militar, mostrando mais uma vez, antes de morrer, sua sede em saciar os interesses imperialistas do seu País e seu DNA assassino e criminoso.

Por fim, a morte de Kissinger é mais um elemento de revolta, mais um criminoso que morre sem pagar por seus crimes despejando nas civilizações suas estratégias e articulações deixadas nas mãos dos imperialistas, que apenas a organização da classe trabalhadora, lutando para impor com seus métodos cada passo da luta contra os ataques imperialistas, poderá garantir o triunfo nessa luta e o fim de diplomatas e articuladores que tem como ordem do dia eliminar civilizações e inocentes.